Desigualdad y lenguaje

La desigualdad social condiciona el vocabulario infantil en Latinoamérica

Se trata de una investigación realizada en 18 países de la región, en la que participó investigador del INCIHUSA CONICET. Analizaron el vocabulario de casi 1.800 niñas/os de 12 a 36 meses. Los resultados indican que un mayor desarrollo humano se asocia con más palabras, y una mayor desigualdad de género, con menos cantidad, especialmente en las niñas.


Las mujeres están sometidas a muchas presiones en relación al tiempo, sobrecarga de trabajo, carga de cuidado, expectativas y demandas sociales.

Por Analía Boggia, Comité de Divulgación Científica del INCIHUSA CONICET

Un estudio internacional analizó el vocabulario de 1.794 niñas/os de 12 a 36 meses de 18 países de América Latina y encontró que, más allá de la situación de cada familia, las condiciones del país en el que crecen son muy importantes. Los resultados se publicaron en la revista International Journal of Behavioral Development.

El trabajo fue realizado por Lucas Gago-Galvagno (CONICET/UAI), Ángel Tabullo (CONICET/INCIHUSA), Stephanie Miller (Universidad de Mississippi) y Ángel Elgier (Pontificia Universidad Católica del Perú).

Según los autores, se trata del primer estudio en analizar de forma conjunta la relación de factores familiares y nacionales con el vocabulario temprano en la región. Los cuidadores completaron un cuestionario para estimar cuántas palabras conocían sus hijas/hijos, y respondieron sobre su nivel educativo, ocupación, la cantidad de libros que había en casa, si vivían en condiciones de hacinamiento, si tenían necesidades básicas insatisfechas, y si los niños asistían a la guardería.

Tabullo, investigador del grupo de Lingüística y Neurobiología experimental del Lenguaje del INCIHUSA, considera que “los resultados ponen de manifiesto que las desigualdades económicas y de género pueden tener efectos muy concretos y tempranos sobre el desarrollo infantil, y las diferentes realidades nacionales no son simplemente un telón de fondo, sino que su influencia es detectable más allá de las diferencias existentes entre los hogares”.

El estudio examinó la relación de los datos del hogar con los Índices de Desarrollo Humano (IDH) y Desigualdad de Género (IDG) del país donde vivían los encuestados, elaborados por Organización de las Naciones Unidas. El IDH mide el nivel de desarrollo de un país a partir de tres dimensiones fundamentales: salud y longevidad, acceso a la educación y nivel de vida, mientras que el IDG mide las desigualdades entre mujeres y varones en tres dimensiones: salud reproductiva, participación política y participación en el mercado laboral.

En ese sentido, Tabullo indica que “en países con mejor acceso general a la educación, salud y un nivel de vida digno, es más fácil que los padres puedan generar en los hogares las condiciones ideales para potenciar el desarrollo de sus hijos, empezando por la posibilidad de pasar más tiempo con ellos (que probablemente sea el factor fundamental), también por tener posibilidad de acceso y oportunidad para acercarlos a la cultura”.

La participación de investigadores de Mendoza y Argentina en este tipo de estudios es vital porque asegura la existencia de datos actualizados y cercanos a la realidad de Latinoamérica.

En ese sentido, Tabullo explica: “Para nosotros es fundamental desde nuestro equipo poder colaborar con este tipo de estudios que crean redes a través de Latinoamérica y le dan visibilidad a nuestras realidades en el panorama académico. Hay un sesgo muy fuerte en los estudios publicados, la mayoría realizado en sociedades con alto nivel de desarrollo y principalmente en Europa y Estados Unidos. Estas publicaciones permiten que el mundo y nosotros mismos conozcamos las particularidades de nuestra realidad y empecemos a pensar soluciones acordes”.

Cómo surgió el estudio

Según explicó Tabullo, “este trabajo se desprendió de una investigación que apuntaba a recolectar datos en Latinoamérica sobre desarrollo del lenguaje, variables socioeconómicas, lectura en el hogar y uso de pantallas”. Y agregó: “Una vez que obtuvimos los datos se nos ocurrió agregar las variables de desarrollo socioeconómico. Esto lo hicimos en el marco de una teoría que explica que el desarrollo cognitivo y lingüístico se da en el marco de diferentes contextos cercanos y lejanos que ejercen su influencia sobre el individuo y entre ellos, pasando por la familia, el barrio y la escuela hasta la cultura y las instituciones de un país”.

El investigador concluyó que “en este caso, la intersección entre la psicología, la sociología y la economía permite preguntarse cómo el nivel de desarrollo social y la igualdad de género en el país pueden tener un efecto sobre el desarrollo temprano del lenguaje una vez que se controlan todos los factores vinculados al contexto cercano del niño, que tienen que ver con el Nivel Socioeconómico del Hogar (NSE)”.

Desigualdad de género y vulnerabilidad

Los resultados del estudio son concluyentes en que los efectos son mucho más fuertes en los hogares más vulnerables.

Pero también “señalan una responsabilidad de los Estados de invertir en políticas de igualdad, no sólo económica, sino también de género, para impactar en el desarrollo temprano de los futuros ciudadanos y así contribuir a la libertad y el empoderamiento de todos”, tal como explicó Tabullo.

En ese sentido, el investigador sostiene que “si el Estado contribuye a que los padres puedan potenciar el desarrollo cognitivo y lingüístico temprano de sus hijos, esto impactará sobre las desigualdades y desfasajes que encontramos en el sistema educativo, permitirá mejorar nuestro desempeño académico y contribuirá a educar ciudadanos más capaces y más libres”.

Para concluir, Tabullo considera que en base a "estos resultados y los de otros estudios, los programas de promoción de la lectura, escolarización temprana y asistencia social son relevantes; pero también el cuidado de la salud reproductiva de la mujer, su acceso a educación y al mercado laboral, su representación política y la promoción de sus derechos". Y agregó: "Las madres y las mujeres están sometidas a muchas presiones en relación al tiempo, sobrecarga de trabajo, carga de cuidado, expectativas y demandas sociales, que impactan inevitablemente en sus posibilidades de criar y acompañar el desarrollo de los hijos. Además de invertir en garantizar sus derechos, educar para el cambio cultural y crear una mirada más justa de la distribución de tareas y responsabilidades es algo que tendría un impacto positivo a nivel regional y nacional".

Claves del estudio

  • El hogar importa. Más educación de madres y padres y más libros en casa se asociaron con vocabularios más amplios, mientras que las necesidades básicas insatisfechas están vinculadas a vocabularios más chicos.
  • El país, también. Más allá de la situación familiar, un mayor desarrollo humano se asoció con más palabras, con mayor preponderancia en los niños y niñas más grandes y en las niñas. A los 36 meses, vivir en un contexto con desarrollo humano por encima del promedio se asoció con una ventaja de más de 25 palabras.
  • Menos igualdad de género, menos palabras en las niñas. En los países más desiguales, las niñas tuvieron vocabularios menores y su ventaja habitual sobre los varones se redujo o desapareció. La diferencia estimada para ellas fue de entre 15 y 20 palabras; en los varones, la asociación fue menor y no significativa.
  • Golpea más donde hay menos recursos. Los efectos fueron más marcados en hogares con menor nivel educativo y no se detectaron en los de mayor nivel educativo.
  • Contextos desiguales y sus efectos. Las madres cuentan con menos salud, educación y autonomía para sostener interacciones de calidad, y las normas sociales y el trato diferencial según el género podrían restar estímulo verbal a las niñas.