10 DE ABRIL - DÍA DEL INVESTIGADOR Y LA INVESTIGADORA CIENTÍFICA

Científicas del INCIHUSA comparten experiencias sobre la producción de conocimiento desde las ciencias sociales y humanidades

El 10 de abril conmemoramos el nacimiento de Bernardo Houssay el primer latinoamericano en recibir el premio Nobel de Fisiología y Medicina.


El 10 de abril conmemoramos el nacimiento de Bernardo Houssay el primer latinoamericano en recibir el premio Nobel de Fisiología y Medicina.

No solo se trata de rendir homenaje a quien marcó un antes y un después en la ciencia mundial, por sus contribuciones al estudio de la hipófisis y su impacto en la comprensión de enfermedades como la diabetes, sino que también de quienes somos parte de la Institución que fundó en 1958, el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET).

Nos proponemos hacer lugar a la divulgación del trabajo en ciencia realizada por científicas argentinas. En la Carrera del Investigador Científico (CIC) del CONICET contamos con la participación de mujeres en distintos estamentos. Estas trayectorias hacen justicia epistémica frente a la desigualdad exclusión y los obstáculos en los itinerarios de promoción y permanencia en las carreras científicas. La visibilización de estos itinerarios de investigación en ciencias sociales y humanas en diversas disciplinas da cuenta del alto impacto de nuestras construcciones teóricas para resolver problemas prácticos en salud mental, alimentos, vivienda, educación, cuidados, violencias, comunidades, base de datos.

El Instituto de Ciencias Sociales Humana y Ambientales (INCIHUSA) del Centro Científico Tecnológico (CCT) CONICET Mendoza cuenta con doce grupos de investigación que reúnen investigador/as en diversas áreas y líneas de trabajo. Entre las investigadoras mujeres que puedan dar testimonio de lo que significa hacer ciencia en el CCT Mendoza, en el grupo en el que se desempeñan desde distintas posiciones de la carrera de investigadora -asistentes, adjunta, independiente y superior-, compartimos experiencias de investigación de profesionales en carrera.

Para Federica Scherbosky -investigadora asistente en el Grupo de Filosofía Práctica e Historia de las Ideas- investigar en filosofía implica pensar críticamente aquello que consideramos como la realidad. Desnaturalizar lo dado por obvio y desbrozar los procesos de conformación de nuestras sociedades, nuestras culturas, nuestras subjetividades. Investigar, entonces, es indagar en nuestras historias, siempre situadas para pensarnos a nosotras mismas y comprender cómo el género, la raza, la clase establecen parámetros de normalidad construyendo a la vez alteridades subalternizadas. Federica se ocupa de hacer foco allí, en esas alteridades no hegemónicas, buscando comprender sus opresiones, pero también sus resistencias.

Fernanda Beigel -investigadora superior del CONICET, profesora de la carrera de Sociología en la Universidad Nacional de Cuyo (UNCUYO), y directora del CECIC (https://cecic.fcp.uncuyo.edu.ar/es/)- revela que la motivación más constante a lo largo de su carrera ha sido explorar la circulación de ideas, los efectos de la autonomía y la dependencia académica en el multilingüismo y la interculturalidad porque considera que son condiciones fundamentales para lograr un diálogo global equitativo en la ciencia. En la actualidad es parte del desarrollo del proyecto Diamond Future, financiado por la Alianza Universitaria de Berlín y el proyecto Horizon-Unión Europea MSCA. Se trata de una colaboración entre el CECIC y la plataforma HERA, creada en la Universidad Nacional de La Plata (Argentina), y Latindex (México) para facilitar el acceso a los metadatos del Catálogo Latindex, que incluye más de 2000 revistas de calidad que actualmente no están indexadas por sistemas de indexación o agregadores internacionales.

La doctora en psicología e investigadora adjunta del CONICET, Carolina Greco, integrante del Grupo de Psicología del Desarrollo Infanto-Juvenil articula, en su trayectoria, formación académica y práctica en el campo de la salud mental. Su línea de investigación se centra en la promoción de la salud mental, y en el desarrollo socioemocional en infancias, adolescencias y juventudes con un anclaje en contextos de educación y salud pública. Desde una perspectiva situada trabaja con metodologías cualitativas que permiten comprender las experiencias y necesidades de las comunidades en sus propios contextos.

Estas trayectorias dan cuenta de lo que entendemos por construcción del conocimiento científico y de lo que hacemos cuando hacemos ciencia en humanidades y sociales.

Carolina Greco concibe la producción científica como un proceso necesariamente vinculado con la sociedad de allí que enfatice dinámicas de co-construcción del conocimiento, donde investigación, intervención y territorio se articulan de manera continua. Federica Scherbosky entrecruza su práctica investigativa con el ejercicio docente como un proceso de retroalimentación conjunta cuyos efectos disipan en actividades de extensión, de divulgación de la ciencia y de gestión y formación de posgrado. Es que hacer ciencia no es solo producir artículos -como producto- sino construir comunidad científica y eso supone no solo perfiles de investigadores/as más amplios sino además la articulación entre comunidades locales, regionales y globales. Así lo refiere Fernanda Beigel al detallar la implementación del Proyecto OPENRam -financiado por el programa de Acciones Marie Skłodowska-Curie (Horizonte Europa)-,un consorcio internacional que tiende puente entre la transición a la Ciencia Abierta y la reforma de la evaluación mediante el “Multiversatorio” que promueve enfoques inclusivos y participativos, visibilizando diversos sistemas de conocimiento y fomentando colaboraciones equitativas entre el Norte y el Sur Global.

La producción, circulación, transferencia y divulgación de la ciencia, así como la evaluación y legitimación del conocimiento científico, no se limitan a la publicación académica, sino que implican generar diálogos con actores sociales, educativos y sanitarios, colectivos y organismos favoreciendo la implementación de intervenciones concretas y culturalmente pertinentes. De este modo, el conocimiento producido busca incidir tanto en las prácticas como en los procesos, en el diseño como en el fortalecimiento de políticas públicas.

En esta línea, Mariea Arboit, doctora en arquitectura por la Universidad de Mendoza, insiste en que hacer ciencia en el CONICET Mendoza implica integrar conocimiento, formación, cooperación y compromiso frente a desafíos contemporáneos como la ciencia abierta, la digitalización de datos, la incorporación de inteligencia artificial y la atención a problemáticas globales. Como investigadora del INCIHUSA en articulación con el IADIZA, el IANIGLA y la UNCUYO centra su línea de trabajo en la sostenibilidad energético-ambiental del hábitat urbano en zonas áridas, con foco en el Área Metropolitana de Mendoza.

La doctora en ciencias sociales y diplomada en comunicación y género Ana Soledad Gil se desempeña como investigadora adjunta en el Grupo Estudios de Género y Teoría Crítica. En sus indagaciones se enfoca en el análisis de las violencias de género, sus construcciones de sentido y los discursos que circulan en torno a ellas, especialmente en medios de comunicación y redes sociales, en el contexto contemporáneo. Implementa metodologías cualitativas con énfasis en el análisis del discurso desde una perspectiva social y crítica. Atiende a las especificidades del territorio que habita que, en el caso de Mendoza, de manera situada y, en contexto habilita interrogantes en tono, por ejemplo, a la vigencia de la elección de la Reina de la Vendimia, práctica que permite revisar representaciones de género y su persistencia.

Asumir que la construcción de conocimiento científico es situada y, en contexto, implica, no solo atender a preguntas que emergen de experiencias ancladas sino, también, reconocernos como parte del proceso de investigación. Así, como investigadoras, nuestras tareas implican compartir el tiempo de trabajo con múltiples tareas de cuidado y con una carrera de producción exigente que no siempre comprende, espera o considera los tiempos vitales de cuidado. Federica Scherbosky apunta que la filosofía es un núcleo que nos atraviesa para pensarnos, a fin de analizar los propios procesos de producción y la estereotipación de los tiempos y roles de cuidado. Entender que nuestras subjetividades se entraman y conforman en estas relaciones, que necesitamos seguir pensando es co-responsabilizarnos en sostener espacios seguros y libres de violencias.

Desde el Observatorio de Violencia Laboral y de Género del CONICET Mendoza, la doctora en filosofía Mariana Alvarado, Investigadora Independiente del CONICET en el INCIHUSA, como Referente Regional de Género, gestiona, desarrolla e implementa políticas de prevención, orientación y abordaje para la erradicación de la violencia patriarcal, machista y/o contra las mujeres. Asesora en formas de intervención para potenciar estrategias de escucha, acompañamiento, no repetición y reparación. Implementa capacitaciones en las que ofrece herramientas para identificar la “ignorancia cognitiva” -posición en la que la persona vulnerada no sabe que es violentada y, también la posición en la que la persona que vulnera no sabe que está violentando- pero también claves epistemológicas para evitar el “extractivismo académico” -en salidas al territorio y diálogo con comunidades- y la “injusticia epistémica” frente a la construcción colectiva y participativa del conocimiento.

Cecilia Rafa da cuenta de su experiencia. Según la investigadora, investigar arquitectura ha supuesto moverme en un terreno amplio y complejo que además de reconocer las formas materiales y simbólicas de habitar, ha implicado indagar sobre los actores que producen esas arquitecturas, sus condiciones de posibilidad y los procesos constructivos, sin desatender la dimensión patrimonial. Como investigadora independiente del Grupo Historia y Conservación Patrimonial en el INCIHUSA, Cecilia habita a la arquitectura como disciplina científica. Durante mucho tiempo, su carácter múltiple -técnico, artístico y humanístico- obstaculizó epistémicamente su reconocimiento dentro del sistema nacional de ciencia y técnica. Injusticia epistémica que se expresó no solo en la organización de los ámbitos institucionales de investigación, sino también en las discusiones internas del propio campo disciplinar acerca de cómo abordarla y con qué herramientas.

En este sentido, a la construcción del estatus científico de los saberes que construimos se suma un segundo desafío: cuestionar el paradigma nacional como único horizonte de investigación. Durante años, gran parte de las historias de la arquitectura como de otras disciplinas, en Argentina se elaboraron desde una mirada centrada casi exclusivamente en la capital, relegando otras realidades. Frente a esta limitación, los abordajes en escala provincial comenzaron a abrir nuevas posibilidades, habilitando perspectivas locales-regionales, pero también globales, profundizando diálogos sur-norte.

Las ciencias sociales y humanas son fundamentales para comprender fenómenos complejos en sus múltiples dimensiones -vinculares, sociales, culturales, económicas y políticas-. Ellas componen un pilar clave en la producción de conocimiento crítico, orientado tanto a la reflexión como a la transformación social. En este contexto, refiere Cecilia Rafa, trabajar desde Mendoza implica un recorte espacial, pero también una toma de posición metodológica que nos permite poner en valor la centralidad de estudios locales para comprender la diversidad de líneas de trabajo en el país. El cambio de escala ha resultado fundamental: no solo posibilita formular preguntas de alcance general, sino también construir respuestas ancladas en contextos específicos. Así, desde lo laboral a lo doméstico, desde lo económico a lo político, desde adentro a fuera de la academia y los centros científicos, desde Mendoza al Sur Global.

En el día del investigador científico, en el que celebramos el nacimiento de Bernardo Houssay, uno de los padres de la ciencia argentina, las trabajadoras de la ciencia que somos parte del campo científico argentino resistimos no solo a campañas antiintelectualistas de descrédito a nuestros campos del saber sino y, sobre todo, a la reducción de presupuesto en investigación y de la fuerza laboral científica.

Nota: nos referimos al cierre del Ministerio de Ciencia y Tecnología; a la paralización de la Agencia Nacional de Financiamiento de Investigación (AGENCIA I+D+i); a la asfixia que atraviesan las Universidades Nacionales; la supervivencia de las Unidades Ejecutoras del CONICET; los programas nucleares maduros y proyectos de investigación. En un país que cuenta con cinco premios Nobel y equipos científicos de renombre mundial, esta situación perjudica su liderazgo internacional y la formación de las futuras generaciones de investigadoras.